El certificado de limpieza de campanas y conductos es uno de esos documentos de los que nadie se acuerda hasta que alguien lo pide. Y cuando lo piden —una inspección, la aseguradora después de un susto, la central de la franquicia, una auditoría de APPCC— ya no hay forma de fabricarlo hacia atrás: o existe desde el día en que se hizo el trabajo, o no existe.
En este artículo verás qué es exactamente, qué debe contener para que sirva de algo, quién te lo puede reclamar y cuánto tiempo tiene sentido conservarlo.
Qué es (y qué no es) un certificado de limpieza
Es el documento que acredita que un sistema de extracción de humos ha sido sometido a una limpieza técnica en una fecha determinada, con un alcance concreto y por una empresa identificable. Dicho de otra forma: es la prueba de que el mantenimiento se hizo.
Conviene aclarar tres malentendidos habituales:
- No es una autorización ni una homologación. No «habilita» la cocina ni sustituye a la licencia de actividad: sólo documenta una intervención.
- No es lo mismo que la factura. Una factura demuestra que pagaste un servicio; el certificado describe qué se hizo, sobre qué instalación y en qué estado quedó. Ante un perito, la diferencia importa.
- No lo emite la Administración. Lo emite la empresa que ejecuta el trabajo, bajo su responsabilidad.
Qué debe incluir para que realmente sirva
Un certificado de una línea que diga «se ha limpiado la campana» no aguanta una revisión seria. Un documento útil recoge, como mínimo:
- Datos del establecimiento: nombre comercial, razón social, CIF y dirección del local donde está la instalación.
- Datos de la empresa que ejecuta el trabajo y del técnico responsable, con su formación acreditada en limpieza técnica de sistemas de extracción.
- Fecha y horario de la intervención.
- Descripción de la instalación: número y tipo de campanas, tipo de filtros, recorrido aproximado del conducto, tipo de extractor.
- Alcance del trabajo, elemento por elemento: campana y plenums, filtros, conducto (indicando los tramos tratados), turbina y motor, salida a cubierta.
- Método y productos empleados.
- Registros abiertos y, si se han instalado nuevos, dónde.
- Fotografías del antes y el después, especialmente del interior del conducto. Es la parte que convierte el documento en prueba real.
- Incidencias y recomendaciones: filtros deteriorados, tramos sin registro, deficiencias detectadas en la instalación.
- Gestión de residuos: qué se retiró y cómo se gestionó.
- Fecha recomendada de la próxima intervención, coherente con el uso de la cocina.
El punto 8 es el que marca la diferencia. Un certificado con fotografías fechadas del interior del conducto antes y después es prácticamente incontestable; uno sin imágenes es una declaración de intenciones.
Quién te lo puede pedir
La inspección sanitaria o el ayuntamiento
En una inspección se comprueba el estado de la instalación y también que exista constancia del mantenimiento. Es habitual que se pida el historial de las últimas intervenciones, no sólo la más reciente, para verificar que hay una frecuencia y no una limpieza aislada hecha con prisa.
Tu compañía de seguros
Es el escenario más importante y el que menos se anticipa. Las pólizas de hostelería suelen incluir cláusulas de mantenimiento de instalaciones. Si hay un incendio y el peritaje apunta a grasa acumulada en el conducto, lo primero que se solicita es el historial de limpiezas. Con el certificado, el expediente sigue su curso; sin él, la cobertura entra en discusión.
La franquicia o la cadena
Si el local pertenece a una marca, las auditorías internas casi siempre incluyen el mantenimiento del sistema de extracción entre los puntos verificables, con su documentación.
Tu propio sistema APPCC
El plan de mantenimiento de instalaciones forma parte de los prerrequisitos de higiene. El certificado es el registro que cierra ese punto del plan.
La propiedad del local o la comunidad
Cuando el conducto atraviesa un edificio de viviendas, es frecuente que la comunidad o el arrendador pidan acreditación del mantenimiento, sobre todo si ha habido quejas por olores.
¿Cuánto dura? ¿Caduca?
Un certificado no «caduca» en sentido administrativo: documenta un hecho ocurrido en una fecha. Lo que sí ocurre es que pierde valor práctico a medida que se aleja de la frecuencia que corresponde a tu cocina. Un certificado de hace catorce meses en un asador que debería limpiarse cada tres no acredita un mantenimiento correcto; acredita justo lo contrario.
El criterio sensato es conservar el historial completo —no sólo el último— durante al menos el periodo que cubran tus obligaciones documentales y tu póliza. En la práctica, guardar los certificados de los últimos cinco años no cuesta nada y ha sacado de más de un apuro.
Cómo organizarlo sin complicarte
- Guarda cada certificado en digital y en papel, junto con la factura correspondiente.
- Mantén una carpeta única de mantenimiento del local con extracción, extinción y control de plagas: es lo que se pide junto en las inspecciones.
- Anota en el calendario la fecha de la próxima intervención que indique el propio certificado.
- Si cambias de responsable de local, que la carpeta se transfiera: el historial es del establecimiento, no de la persona.
Preguntas frecuentes sobre el certificado
¿Es obligatorio tener certificado de limpieza de campanas?
Lo obligatorio es mantener la instalación limpia y poder acreditar ese mantenimiento. El certificado es el medio habitual —y el más sólido— de acreditarlo. Sin él puedes tener la instalación impecable y no poder demostrarlo, que a efectos de una inspección o de un siniestro equivale a no haberla mantenido.
¿Vale una factura como justificante?
Ayuda, pero es insuficiente por sí sola. Una factura acredita un pago y un concepto genérico; no dice qué elementos se trataron, hasta dónde se limpió el conducto ni en qué estado quedó la instalación. Ante un perito de seguros, la diferencia entre una factura y un certificado con fotografías del antes y el después es sustancial.
¿Quién puede emitir el certificado?
La empresa que ejecuta la limpieza, bajo su responsabilidad, identificando al técnico y su formación. No lo emite ningún organismo público. Por eso conviene comprobar que la empresa está realmente especializada en limpieza técnica de sistemas de extracción y no en limpieza general.
¿Y si acabo de coger un local y no hay ningún certificado anterior?
Es una situación muy común en traspasos. Lo práctico es hacer una limpieza técnica inicial que además sirva de diagnóstico: deja la instalación en un punto de partida conocido, documenta el estado real en que estaba y arranca tu propio historial. También es el momento de detectar si el conducto tiene registros donde debería tenerlos.
¿El certificado cubre también los filtros y la turbina?
Debe reflejar exactamente lo que se hizo, elemento por elemento. Si sólo se limpió la campana, el certificado dirá eso, y ese es precisamente su valor: no sirve para dar por mantenido lo que no se ha tocado. Por eso conviene que el alcance contratado cubra el sistema completo y no sólo la parte visible.
¿Cuánto cuesta que me lo emitan?
No es un servicio aparte con precio propio: forma parte de la intervención. Lo que sí varía es si una empresa lo entrega de serie o no, y con qué nivel de detalle. Es una pregunta que merece la pena hacer antes de contratar, junto con el alcance del trabajo.
Para terminar
El certificado de limpieza no es papeleo: es la única forma de que el mantenimiento que ya estás pagando cuente cuando alguien lo pregunte. Si no lo estás recibiendo, o si lo que recibes no detalla el alcance ni incluye imágenes del interior del conducto, tienes un problema silencioso.
Puedes seguir leyendo sobre qué normativa te obliga y cada cuánto limpiar, o consultar cuánto cuesta cada servicio. Y si quieres que revisemos tu instalación y empieces un historial en condiciones, cuéntanos tu caso.